A todos nos gusta recibir una atención especial o una grata sorpresa de tanto en tanto.

Esa pequeña flor que fue arrancada para nosotras, la puerta que se nos abre amablemente. Ese perfume que nos ponemos en ocasiones especiales o el color rojo en nuestros labios.
Esos gestos son muchas veces motivación suficiente para que alguien, muy de paso, diga: "...mmmhh que rico aroma"; o, "...que bien te queda el rojo".
Cuando decimos... "le falta cuidado al detalle", nos referimos a que algo no está bien acabado. Cuando a una casa le faltan los almohadones acogedores, los cuadros, las mesitas de apoyar los pies, una linda tacita para el café lo percibimos como algo frío.
Poco cuidado.
Lo interesante de ofrecer un detalle no es el objeto en sí mismo, es precisamente el "ofrecimiento desinteresado", la entrega- innecesaria- del mismo.
En realidad la importancia radica en el gesto y en la atención especial que ponemos al ofrecer algo o al colocarlo con mucho cuidado en un lugar especial. Además, un detalle innecesario no se le ofrece a cualquiera, se lo ofrecemos a quien nos importa. Demostramos nuestro interés en esa persona en especial; dedicamos atención única a los espacios que habitamos y nos representan.
Son los detalles los que hacen la diferencia y, sobre todo, la aparente falta de necesidad de realizarlos. Son tan importantes porque la persona que los realiza los hace única y exclusivamente para agradarnos o agradarse a sí misma ofreciendo un poco de su corazón al hacerlo.
No tiene más significado que... "es una tontería, ... espero que te guste".
Y eso hace toda la diferencia.